La escena del Evangelio de este domingo de cuaresma sigue retumbando en la conciencia colectiva: Jesús frente a la multitud que, con piedras en mano, está lista para ejecutar a la mujer acusada de adulterio
Con una sola frase, el Maestro desarma a los acusadores: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Uno a uno, empezando por los mayores, se retiran en silencio.
Este pasaje nos deja claro dos verdades profundas de la fe: todos somos pecadores y todos estamos llamados a la reconciliación
Jesús no minimiza la gravedad del pecado, pero tampoco condena a la persona. Con firmeza y compasión le dice a la mujer:
“Vete, y no peques más”. Ahí está la esencia de la misericordia cristiana: verdad y amor, justicia y perdón caminando juntos
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En este tiempo de Cuaresma, la invitación es clara: reconocer nuestras propias faltas, pedir perdón y abrirnos a una auténtica conversión.
Porque, seamos honestos, ¿quién no ha lanzado alguna vez la piedra del juicio apresurado? ¿Quién no ha señalado las fallas de los demás mientras ignora las propias?
La autocrítica es incómoda pero necesaria, no solo a nivel personal sino también institucional.
Vemos cómo en distintos espacios de la sociedad —desde el gobierno hasta las organizaciones civiles— se evade la responsabilidad propia mientras se magnifican los errores ajenos

Con la Cuaresma casi en su recta final, el llamado es urgente: que cada ciudadano y cada líder político o social haga una reflexión honesta. Solo así podremos construir una sociedad más justa y solidaria.
A los fieles católicos, esta es la oportunidad de vivir la fe con profundidad, pidiendo un corazón humilde que no juzgue ni condene, sino que acompañe y ame. Que no dejemos pasar esta temporada como una más, sino como un verdadero punto de inflexión hacia el bien común
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