El clamor de una madre herida: Litzi pide justicia por su esposo

En una habitación modesta, postrada en una cama y con el cuerpo cubierto de lesiones, fracturas y con su alma rota por el dolor, Litzi Yamileth sobrevive entre la tristeza y la indignación. A su lado, su madre, Teresita de Jesús Jiménez González, le ofrece el consuelo que puede, mientras ambas enfrentan la tragedia que cambió sus vidas para siempre: el accidente que le arrebató la vida a Marco Antonio, esposo de Litzi y padre de la pequeña Reyna, una niña de apenas dos años.

Era un día cualquiera que se convirtió en una pesadilla. Litzi y Marco se dirigían en motocicleta a entregar las invitaciones para la piñata de su hija cuando fueron embestidos brutalmente por un conductor a exceso de velocidad en la colonia Occidental. El responsable, Pablo Antonio Morales, no solo destrozó una familia, sino que, días después, recuperó su libertad sin enfrentar medida cautelar alguna. Hoy, sigue en las calles, como si nada hubiera pasado.

“Desperté en el hospital sin entender nada… No sabía lo que había pasado. Lo último que recuerdo es que íbamos en la moto”, cuenta Litzi con voz débil pero llena de dolor. “Ahí me dijeron que Marco había muerto. Ni siquiera pude despedirme de él.”

Desde entonces, su vida se divide entre el luto, el proceso de recuperación física y la impotencia ante una justicia que siente le dio la espalda. La jueza del caso liberó a Pablo Antonio, quien ya había sido señalado en ocasiones anteriores por conducir de manera temeraria. Litzi no puede evitar sentirse abandonada por el sistema.

“Dicen que él es un buen hombre, trabajador, pero también lo era Marco. Nunca dejó que nos faltara nada. ¿Y ahora qué va a ser de mi hija?”, dice mientras llora por la orfandad que enfrenta Reyna y la ausencia del compañero de vida que perdió.

Litzi solicitó su alta voluntaria y ahora es atendida por especialistas de forma particular gracias al esfuerzo de su madre, quien se ha convertido en su principal cuidadora. Teresita de Jesús, entre lágrimas, comparte: “Ha sido lo más difícil que he vivido: perder a mi yerno, ver a mi hija rota, y ahora tener que cargar con esta lucha por justicia. La decisión de la juez fue un golpe más… Marco no merecía morir así, y mucho menos que el culpable ande libre.”

Ahora, ambas mujeres han alzado la voz. No buscan venganza, buscan justicia. Justicia para Marco Antonio, para Litzi y, sobre todo, para la pequeña Reyna, quien crecerá sin su padre por una tragedia que, según denuncian, pudo evitarse si se hubiera actuado antes contra un conductor reincidente.

El caso ha comenzado a resonar en redes sociales y entre la comunidad fronterense, que exige una revisión del fallo judicial. Mientras tanto, en una casa modesta, una familia intenta reconstruirse entre el dolor, la memoria y la esperanza de que algún día, la justicia llegue.

“Sigo en shock, aún pienso en mi esposo como si él siguiera aquí, el merece justicia, pues siempre fue un buen esposo y buen padre con mi niña”, concluye Litzi.

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