Padre Paulo: “El Héroe de los Migrantes en Frontera”

En el corazón del municipio de Frontera, donde la vida parece transcurrir con el ritmo pausado del tren que cruza la ciudad, una historia de fe, lucha y humanidad comenzó a escribirse en el año 2021. Su protagonista no es un funcionario ni un activista profesional, sino un hombre de sotana y convicciones firmes: el padre Paulo Alfonso Sánchez Valencia, hoy conocido por muchos como el héroe de los migrantes.

Una señal divina

Cada mañana, el padre Paulo salía en su inseparable bocho rumbo a la parroquia Verbo Encarnado, recorriendo calles que pronto le mostraron un llamado más allá del altar. En cada trayecto, su camino se cruzaba con rostros que no podía ignorar: hombres, mujeres y niños migrantes, exhaustos, vulnerables, pero con la mirada fija en el norte.

“Soy devoto a la virgen de San Juan de los Lagos, cada que viajaba en mi bocho, justo en el mismo lugar una imagen de esta virgen se me caía, cuando me detenía y  levantaba la mirada siempre veía a un grupo de migrantes, lo que hizo que comenzara mi labor social con ellos”.

Así, lo que comenzó como un acto aislado de caridad se transformó en un proyecto de vida. Pronto, la parroquia dejó de ser solamente un templo. Se convirtió en comedor, refugio y abrigo.

La crisis haitiana, un punto de quiebre

Al principio, el padre Paulo atendía grupos pequeños, quizá una veintena de personas. Pero todo cambió en 2022, cuando un numeroso grupo de migrantes haitianos llegó al municipio. El espacio, el alimento y los recursos ya no eran suficientes.

“No podía decirles que no. Solo pensaba en cómo hacer más, cómo hacer mejor y comencé a pedir ayuda de la feligresía, quienes siempre me respondieron de una manera positiva”, relata.

Fue entonces cuando nació la Casa de Ayuda Humanitaria San Juan, un espacio que organizó en cinco áreas fundamentales: alimentación, salud, orientación legal, hospedaje y apoyo espiritual. Un esfuerzo titánico que comenzó a ser sostenido no solo por la fe, sino por la solidaridad de voluntarios, ciudadanos y organizaciones.

Seguridad y estabilidad para Frontera

Pero el impacto del proyecto no fue únicamente humanitario. Según el propio padre Paulo, la atención organizada a migrantes ayudó a evitar problemas mayores en el municipio.

“Tenerlos en la calle era un riesgo. Ayudarlos a estar bien también era cuidar Frontera”, asegura.

Su trabajo logró prevenir situaciones delictivas, disminuyó tensiones sociales y fortaleció la seguridad local.

Visas, sueños y esperanzas

Gracias a sus gestiones con autoridades federales y organizaciones civiles, más de 80 migrantes obtuvieron visas humanitarias, documentos que les permitieron regularizar su situación y, en muchos casos, continuar su trayecto hacia el sueño americano de manera segura y legal.

La fama del lugar se extendió. Los migrantes, entre ellos familias enteras, se pasaban la voz:

“En Frontera hay un sacerdote que no te deja solo.”

La noche más difícil

El 12 de diciembre de 2023, día de la Virgen de Guadalupe, se convirtió en una fecha inolvidable para el padre. Más de mil migrantes llegaron esa noche. La parroquia estuvo al borde del colapso, pero nadie fue rechazado.

“Dormimos como pudimos, unos en el patio, otros en los pasillos. Pero todos estaban a salvo”, dice con una mezcla de orgullo y humildad.

Dolor en medio de la esperanza

No todo fue bondad y fe. El sacerdote también fue testigo de episodios crudos y desgarradores: migrantes violentados por autoridades, incluidos menores y mujeres, perseguidos, golpeados, incluso despojados de lo poco que tenían.

“Coraje e impotencia era lo que yo más sentía, no daba crédito de como un ser humano podía amedrentar a otro de una manera salvaje”.

La misión continúa

A pesar de los obstáculos, su misión no se detuvo. Día tras día, ayudó a decenas a acercarse a su meta: cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Y aunque las despedidas dolían, su corazón encontraba consuelo al saber que cumplía su anhelo.

El padre Paulo no fue solo un guía espiritual. Fue gestor, líder, protector y esperanza. Su labor no solo cambió vidas, también cambió el rostro de un municipio que, gracias a él, se convirtió en tierra prometida para quienes lo habían perdido todo.

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