El silencio de la tarde fue interrumpido en la colonia Asturias por una tragedia que dejó una profunda huella entre vecinos y seres queridos. Feliciano Olvera, de 55 años, perdió la vida electrocutado al caer con un taladro encendido dentro de una alberca.
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“Chano”, como todos lo conocían con cariño, era un hombre entregado a su hogar y a cada rincón que tocaba con sus manos trabajadoras. Aquella tarde, mientras arreglaba el techo de su casa en la calle Luis G. Cervantes, la fatalidad lo esperaba sin aviso.
Resbaló de la escalera, y en un instante que pareció eterno, cayó al agua con el taladro aún en sus manos. La electricidad hizo lo suyo, y la muerte llegó sin dar tiempo a despedidas ni palabras finales.
Los paramédicos acudieron con rapidez, pero sólo pudieron confirmar lo inevitable: Chano ya no estaba entre nosotros. Bomberos también llegaron para asegurar la zona, evitando que el dolor se mezclara con más peligro.
La Fiscalía de Justicia inició las indagatorias, mientras el ambiente se llenaba de miradas perdidas y suspiros que no encontraban consuelo. El cuerpo fue levantado ante la presencia de familiares que apenas podían sostenerse de pie.
Una familiar, entre lágrimas, repetía que no podía creer lo que había pasado, como si al decirlo bastara para cambiar el destino. Los vecinos, en silencio, recordaban sus bromas, su voz firme y su eterna disposición para ayudar.
Hoy, la casa de Chano quedó en pausa, como si el tiempo se negara a seguir sin él. Y aunque su ausencia pesa, su recuerdo seguirá vivo en cada rincón que tocó con amor.
