Apenas 10 kilómetros separan a Ciudad Acuña del tramo más temido del norte de Coahuila, la carretera estatal número 29, conocida por los habitantes como “el tramo de la muerte”, se ha convertido en escenario de tragedias repetidas, de cruces que acaban en luto y de reclamos que se pierden entre la indiferencia de quienes pueden cambiar su destino.

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Entre los ejidos El Ovillo, El Venadito y otros cercanos, los accidentes se cuentan ya por decenas, más de 36 personas han perdido la vida en los últimos años, y tan solo en lo que va del 2025 se han registrado más de 30 percances viales.
Historias de familias destrozadas, animales atropelladlos, tráileres y hasta unidades de la Guardia Nacional volcadas conforman la crónica de una carretera marcada por la muerte.

Pese al dolor acumulado, las autoridades locales siguen chocando con un muro. El municipio de Acuña y el Gobierno del Estado han solicitado una y otra vez la intervención de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) para instalar señalización, alumbrado y vigilancia. Pero la respuesta federal ha sido el silencio.
Incluso, el delegado de la SCT en Coahuila, Tanech Sánchez Ángeles, ha declarado públicamente que no considera necesario colocar señalizaciones en el área. Una postura que ha indignado profundamente a la población de Acuña, Jiménez y Zaragoza, donde los habitantes ya no hablan de accidentes, sino de tragedias.
El tramo carece de lo más básico, pintura vial, reflectores, señalización e iluminación y de día o de noche, la carretera se desvanece, pues muchos automovilistas no alcanzan a ver la curva o los baches que marcan “el tramo de la muerte”.

Mientras la SCT sigue sin escuchar, la carretera número 29 continúa cobrándose vidas y en cada accidente la historia se repite: la de una vía olvidada ante los constantes llamados de auxilio.
