Trailero deja sin luz a la Guadalupe

La colonia Guadalupe se quedó sin alma ni luz. Un tráiler blanco sembró caos, arrancando postes y mufas, dejando a decenas de familias en penumbras.

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El mediodía se volvió noche. Niños lloraban, adultos gritaban, y la impotencia se colaba por cada rincón. Nadie entendía cómo pasó, ni por qué tan rápido.

El tráiler, un Kenworth blanco con caja cerrada, circulaba por avenida Deportivo, zona prohibida para transporte pesado. Pero al conductor eso le valió.

Al girar hacia la derecha, un cable de alta tensión se enganchó en la caja. El tráiler no se detuvo. Arrastró el desastre como si nada.

Dos postes derribados, tres mufas arrancadas y un tendido eléctrico colgando sobre República de El Salvador. Un espectáculo de imprudencia y peligro.

El conductor siguió su camino como si no hubiera dejado atrás una zona al borde del incendio. Los vecinos gritaban, pero él ni volteó.

Las autoridades llegaron tarde. Control de Accidentes acordonó el área, mientras los cables chispeaban y la tensión se sentía en el aire.

La Comisión Federal de Electricidad tardó más. Los vecinos, hartos, encendieron velas y apagaron la paciencia. La oscuridad se volvió rabia.

No hubo heridos, pero sí heridos de coraje. Porque no fue solo la luz lo que se perdió, fue la fe en la responsabilidad.

La colonia Guadalupe exige respuestas. No quieren disculpas, quieren acción. Porque la próxima vez, el desastre podría no perdonar.

Y mientras el tráiler sigue rodando, la comunidad sigue esperando. Que alguien se haga cargo. Que la luz vuelva. Que la justicia no se quede apagada.

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