Una lucha silenciosa por la vida se libra hoy en una cama de hospital, donde la pequeña Margarita Rubí Romero García, de apenas un año y dos meses de edad, enfrenta uno de los desafíos más duros que puede vivir un ser humano. Su corta historia, marcada hasta hace unos días por juegos y sonrisas, dio un giro inesperado tras un accidente doméstico que la dejó con quemaduras de segundo grado en cerca del 80 por ciento de su cuerpo.
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El dolor no solo habita en su frágil cuerpo, sino también en el corazón de su familia, que observa con esperanza y angustia cada movimiento, cada respiración. Los médicos han determinado que la menor requiere atención altamente especializada, por lo que será trasladada de emergencia vía aérea al Hospital de Galveston, Texas, donde se cuenta con tecnología y especialistas para atender la gravedad de sus lesiones.
Su madre, Mónica Abigaíl Romero García, informó que el estado de salud de Margarita es delicado, ya que además de las quemaduras existen complicaciones que podrían estar afectando sus riñones, provocando inflamación y obligando a acelerar el proceso de traslado internacional. Hasta la noche de ayer, la pequeña permanecía bajo cuidados intensivos en el hospital San José, aferrándose a la vida con una fortaleza que conmueve.
El accidente ocurrió la noche del miércoles en su hogar, ubicado en la colonia Occidental, cuando una olla con frijoles hirviendo cayó accidentalmente sobre la menor mientras se encontraba en su andador que se enrolló con el cable. La tragedia movilizó a cuerpos de emergencia y dejó una profunda huella en una familia trabajadora que hoy enfrenta no solo el dolor emocional, sino también una enorme carga económica.

Ante esta situación, familiares hacen un llamado urgente a la solidaridad de la comunidad. Cualquier apoyo, por pequeño que parezca, puede marcar la diferencia en esta batalla. Quienes deseen realizar una aportación voluntaria pueden hacerlo mediante transferencia bancaria a la cuenta BBVA a nombre de la madre de Margarita: 4152314543769460.
Hoy, Margarita no camina ni habla, pero su historia grita por ayuda. Su vida depende, en gran parte, de la unión y el corazón solidario de todos.
