Un jacalito contra el invierno
En medio de un terreno rodeado de escombros, fierros viejos y ropa colgada en cuerdas, Berenice Arzola camina entre bloques de cemento rotos y pedazos de madera.
Su casa, una estructura improvisada hecha de lonas, retazos de colchas, láminas corroídas, maderas desiguales y colchas colgadas como paredes, es todo lo que tiene para proteger a su familia del intenso frío.
No hay aislamiento térmico ni protección contra el clima.
El techo ya luce vencido, y algunas paredes se han caído. Lo que los separa del frío, la lluvia o el viento es solo una manta desgarrada.
Dentro, el espacio es mínimo. Una cama maltratada, cobijas dobladas sobre costales, ropa apilada en rincones, un viejo escritorio cubierto con pegatinas de colores y un fogón improvisado, componen el entorno en el que viven.
“Quisiéramos unas tablas para poner aquí a un lado, porque se nos cayó la que teníamos… y nos entra el agua y el aire frío”, dice Berenice, señalando una rendija por donde se filtra el viento helado.
El esfuerzo diario por salir adelante
Mientras ella permanece en casa al cuidado de su hija, su esposo sale todos los días a buscar trabajos temporales que le permitan llevar algo de sustento al hogar.
“A veces hay trabajo, a veces no… pero se va a buscarle”, comparte con esperanza. Ya sea cargando, ayudando o recolectando material, hace lo posible por sostener a su familia.
La sonrisa de Sara y su sueño de ver YouTube
Pese a la crudeza de su realidad, Sara, de 12 años, sonríe. Entre cobijas, basura y desorden, toma un celular y con esfuerzo tomando un fierro pulsa el botón de encendido. Quiere ver los números, quiere usarlo.“Me gustaría tener una pantalla… ver videos de Karla Bustillos, mi youtuber favorita”, dice con ternura.Sin internet, sin señal estable, y sin batería duradera, el celular es apenas un puente interrumpido entre sus sueños y su entorno.
Calor con lumbre, baño con bote
El baño que tenían —una letrina sobre tierra— colapsó. Ahora utilizan un bote como sanitario.
Para cocinar, Berenice prende lumbre fuera de casa. No sólo es la forma de preparar los alimentos, también es la manera de calentarse.“Hoy me alegré porque nos trajeron una despensa”, cuenta mientras sostiene con fuerza un paquete de papel higiénico y algunos víveres.
Un llamado a la solidaridad
La familia necesita ayuda urgente:
tablas, cobijas, ropa térmica, alimentos y artículos de higiene.
Pero también algo que a veces parece invisible: dignidad.
Berenice asegura que no pierde la esperanza y que hace lo posible por proteger a su hija de la crudeza del invierno.
“A veces uno se aguanta… pero ella está chiquita”, dice.
En medio del frío, el polvo y las carencias, Berenice, su esposo y la pequeña Sara resisten.
Sostienen la esperanza con manos sencillas, con el calor de una lumbre y el anhelo de un techo más firme.
Porque no se trata solo de sobrevivir el invierno, sino de aspirar —como cualquier familia— a un lugar seguro, cálido y digno.
Quien desee apoyar a esta familia puede comunicarse directamente al 8661540325.
