Este viernes 4 de abril The New York Times compartió un artículo en el que comparó los gobiernos de Donald Trump y Claudia Sheinbaum, catalogando a esta última como la “anti-Trump” debido a sus políticas públicas.
El artículo señala que el 2024 fue un año complicado para los gobiernos en funciones. En distintas partes del mundo, los votantes rechazaron a los partidos del statu quo. La izquierda sufrió reveses, como la victoria de Donald Trump en Estados Unidos y el avance de ideologías nacionalistas y autoritarias en Europa. Además, la representación femenina retrocedió: en el 60 % de los países que celebraron elecciones, disminuyó el número de mujeres en los congresos, según la BBC.
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Pero México fue una excepción notable. Allí, Claudia Sheinbaum, sucesora del presidente izquierdista Andrés Manuel López Obrador, alcanzó la presidencia con una victoria contundente. Científica climática judía y secular, Sheinbaum representa una alternativa al perfil autoritario y masculino que ha ganado terreno en la política global, desde Trump y Putin hasta líderes como Bukele en El Salvador y Milei en Argentina.
Con su lema “Por el bien de todos, primero los pobres”, Sheinbaum se proyecta como un símbolo de esperanza frente al auge del autoritarismo. Marta Lamas, antropóloga y feminista mexicana, expresó su orgullo por Sheinbaum, describiéndola como “una luz” en medio de una realidad política sombría.
Aunque algunos temían una reacción sexista, su popularidad no ha hecho más que crecer. Fue elegida con casi el 60 % de los votos y cuenta con una aprobación superior al 80 %. Incluso el chatbot de Elon Musk, Grok, la nombró como la líder más popular del mundo, superando al propio Bukele.
Sheinbaum proviene de una familia de científicos y activistas de izquierda. Estudió en Berkeley, ganó un Nobel compartido por su trabajo climático y ha sido cercana a López Obrador desde hace décadas. Aunque su trayectoria podría parecer elitista, su conexión con el expresidente le ha dado una base sólida de apoyo popular.
Durante el mandato de AMLO, millones salieron de la pobreza gracias a programas sociales y aumentos salariales. Estas políticas, aunque criticadas por su falta de sustentabilidad fiscal, generaron un sentido de dignidad y pertenencia entre los beneficiarios. Este legado le abrió el camino a Sheinbaum.
La izquierda estadounidense ve en su triunfo una señal de que el progresismo puede ganar si ofrece mejoras concretas para la clase trabajadora. Figuras como Ro Khanna y Zohran Mamdani la han citado como ejemplo de lo que puede lograr una agenda orientada al bienestar colectivo.

Comparada con líderes como la ex primera ministra neozelandesa Jacinda Ardern, a veces considerada la “anti-Trump”, Sheinbaum encarna una figura contraria al populismo reaccionario. Es una mujer tecnócrata, cuidadosa y basada en evidencia. Sin embargo, su vínculo con López Obrador, quien adoptó posturas autoritarias y atacó a medios y jueces, genera dudas sobre hasta qué punto se distanciará de su legado.
López Obrador fue un líder polarizador, con ataques constantes a periodistas y críticos. Muchos lo ven como una versión mexicana de Trump, con un estilo confrontativo y una visión excluyente del poder. Sheinbaum, aunque distinta en carácter y método, heredó tanto sus políticas como su respaldo popular.
En temas como seguridad, el reto para Sheinbaum es enorme. El crimen organizado sigue siendo una amenaza, y su antecesor fue criticado por su tibieza frente a los cárteles. Sin embargo, la presión internacional, especialmente de Trump, le ha permitido actuar con mayor firmeza sin romper con el discurso de “abrazos, no balazos”.
En diciembre, se decomisó una tonelada de fentanilo, y en febrero, México extraditó a 29 presuntos narcos. Estas acciones han sido vistas como un cambio de tono, impulsado por el riesgo de una intervención militar estadounidense.
En el ámbito judicial, Sheinbaum implementó rápidamente una polémica reforma impulsada por López Obrador, que convierte a los jueces en cargos electos. Aunque muchos esperaban que moderara esta propuesta, eligió consolidarla, posiblemente como parte de un acuerdo político.
Su futuro está lleno de interrogantes: ¿será capaz de mantener la estabilidad económica, enfrentar al crimen organizado y, al mismo tiempo, fortalecer las instituciones democráticas del país? ¿O su fidelidad a López Obrador marcará los límites de su gestión?
Por ahora termina el artículo, Sheinbaum ofrece una rara mezcla en el panorama político mundial: una líder progresista, técnica, con respaldo popular, que desafía las tendencias reaccionarias del momento. Pero el verdadero juicio a su presidencia vendrá con el tiempo, cuando sepamos si pudo construir una democracia sólida en un contexto tan frágil como el actual.
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