En un contexto marcado por desigualdades, violencias estructurales y la fragilidad de los sistemas judiciales, se ha hecho un llamado urgente a recuperar una visión de justicia que no se limite a lo legal o punitivo, sino que tenga un rostro humano y social.
“La justicia no puede ser solo para unos cuantos ni una maquinaria burocrática. Tiene que sanar, equilibrar y defender la dignidad de todas las personas”, se plantea desde una visión inspirada en el pensamiento cristiano y en las palabras del Papa Francisco.
Desde esta perspectiva, se proponen diez características esenciales para una justicia verdaderamente humana. La primera es una justicia con rostro humano, que ponga a la persona en el centro y no permita que ningún grupo pase por encima de la dignidad ajena
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“Dar a cada uno lo suyo significa que ningún individuo o grupo humano se puede considerar omnipotente”, dijo el Papa ante la ONU en 2015.
Otra clave es la justicia restaurativa, que busca sanar a la sociedad y no solo castigar al infractor. “La justicia solo se busca adecuadamente por respeto a las víctimas y en orden al bien común, no como una descarga de ira”, señala el Papa en Fratelli Tutti.
Se subraya también la justicia equitativa, que reconozca las desigualdades de origen y actúe para reducirlas, garantizando que todos tengan acceso a defender sus derechos.
Junto a esta va una justicia cercana a los débiles, especialmente los pobres, migrantes, pueblos originarios y víctimas

La lista incluye además la necesidad de una justicia transparente y pronta, ya que los procesos lentos y opacos también son formas de violencia institucional
Se añade la importancia de una justicia integral, que no separe el castigo de las causas estructurales como la pobreza o la falta de oportunidades.
También se propone una justicia educativa, que forme ciudadanos conscientes desde la familia y la escuela, y una justicia como proyecto de nación, que no solo piense en el presente, sino en las generaciones futuras

Finalmente, se destaca la justicia con misericordia, inseparable desde la visión cristiana. “Una justicia sin misericordia se vuelve fría; y una misericordia sin justicia, permisiva”, se recordó citando el documento Misericordiae Vultus.
“Durante años hemos hablado de justicia como si fuera una utopía, pero no lo es. Es un compromiso colectivo que se construye cada día”, concluye el mensaje.
Desde la Iglesia y la ciudadanía, se llama a ser constructores de una justicia que reconcilie y humanice, para lograr un país con dignidad, paz y esperanza
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