Con un discurso contundente desde el púlpito, el Obispo de Saltillo, Hilario González García, exhortó a gobernantes, funcionarios y empresarios a mantenerse alejados de la corrupción, a no ceder a la avaricia y a tener siempre las manos limpias en el ejercicio de su responsabilidad.
Durante la misa dominical, el líder de la Iglesia católica advirtió que la búsqueda desmedida de riqueza y poder sin escrúpulos “se convierte en fuente de injusticia e impiedad”, porque esclaviza a los más pobres y debilita la justicia social.

“Nuestros bienes son para servir a Dios y al prójimo”, señaló al recordar que los recursos públicos y privados no deben ser utilizados para beneficio personal o para favorecer a unos cuantos. Subrayó que quien sacrifica su dignidad por aparentar ser buen administrador frente a la sociedad, en realidad “vende su alma”.
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El Obispo hizo énfasis en que la avaricia y el egoísmo alejan de la solidaridad, por lo que los bienes, talentos y bendiciones deben compartirse, no acumularse. Además, recalcó que quienes tienen bajo su cargo recursos de la comunidad tienen una doble responsabilidad: responder ante Dios y también ante la ciudadanía que confía en ellos.
El llamado se produce en un contexto donde la sociedad exige cada vez más transparencia, rendición de cuentas y un combate real a la corrupción. En este sentido, González García instó a que la ética y la fe no sean simples discursos, sino guías prácticas en la vida pública y privada.
Con sus palabras, el Obispo de Saltillo dejó un mensaje claro: gobernar con honestidad, sin transas, sin egoísmos y con verdadera vocación de servicio, porque solo así se puede construir una sociedad justa y solidaria.
Reportera Digital: María Saucedo
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