La inclusión en Saltillo no es un adorno: lengua de señas mexicana, la deuda pendiente

En Saltillo viven más de siete mil personas con discapacidad auditiva, según registros oficiales. Pero para muchos activistas y miembros de la comunidad sorda, esos números apenas revelan una parte del problema: la verdadera deuda pendiente es la accesibilidad real a la comunicación mediante la Lengua de Señas Mexicana (LSM). 

Daniela Espinoza, médica y fundadora de la Academia Silenters, es un testimonio vivo de que la inclusión debe ir más allá del discurso. Atiende pacientes sordos en su consultorio y también enseña LSM los sábados. Para ella, la invisibilidad de la comunidad sorda se manifiesta incluso en el sistema médico: “no existen las personas sordomudas”, enfatiza, pues muchas veces los protocolos de salud están diseñados sin considerar la barrera comunicativa que enfrentan quienes usan la LSM. 

Uno de los casos que ilustra la necesidad de inclusión real es el de Valentina, una joven de 20 años que estudia Ingeniería Mecatrónica. Desde pequeña fue diagnosticada con discapacidad auditiva, y su madre relata que en su casa la lengua de señas se volvió parte de la vida diaria para integrarla en las conversaciones del hogar.  Para la familia, la inclusión no comienza en oficinas gubernamentales, sino en el entorno más íntimo: familiares y entorno cercano deben aprender y comunicarse de forma compartida. 

Pero este esfuerzo familiar muchas veces choca con la indiferencia institucional. En Saltillo se han visto murales mal pintados con alfabetos de señas o anuncios que apelan al reconocimiento simbólico de la comunidad sorda, pero sin acciones concretas: intérpretes en eventos, subtitulaje en vivo o sistemas de transcripción todavía son escasos. 

Otra barrera importante es el subregistro. Si bien las cifras oficiales señalan unas siete mil personas con discapacidad auditiva, especialistas como Espinoza señalan que esa cifra es imprecisa, pues niños no diagnosticados, personas mayores o residentes de zonas rurales están fuera del conteo.  Sin datos adecuados, las políticas públicas difícilmente pueden responder a las necesidades reales de esta comunidad. 

Academia Silenters, ubicada en el centro de Saltillo, se ha convertido en un proyecto pionero con formación continua en lengua de señas. Desde su fundación ha certificado cientos de estudiantes, ofreciendo cursos presenciales y en línea, bajo el lema “Aprender para incluir”.  Pero sigue siendo insuficiente frente al reto estructural que enfrenta la ciudad. 

La inclusión no puede quedarse como decoración. Para lograrla genuinamente se requieren acciones constantes, recursos asignados y participación activa de toda la sociedad: instituciones públicas, familias, educadores y ciudadanos. Como resume la comunidad: “todo con nosotros, nada sin nosotros”. 

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