A un año de asumir la presidencia, Claudia Sheinbaum mantiene un nivel de aprobación cercano al 80%, uno de los más altos en la historia reciente del país.
Este respaldo no solo es notable por su magnitud, sino también por su estabilidad. En un entorno político complejo, mantener cifras tan constantes resulta poco común.
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La comparación con el expresidente Andrés Manuel López Obrador es inevitable. Durante su primer año, él alcanzó un promedio de 75% de aprobación, principalmente por su carisma personal. Sheinbaum, en cambio, combina liderazgo propio con la aprobación de las políticas implementadas por su administración, lo que explica su ventaja de cinco puntos sobre su antecesor.
Hace seis años, parecía impensable que una mujer pudiera ocupar la presidencia de México y superar la popularidad de López Obrador. Hoy, ambas metas se han logrado. Su triunfo electoral fue histórico: ganó con la mayor votación registrada y una ventaja de 31 puntos sobre el segundo lugar, algo nunca visto en la política moderna.
Sheinbaum también ha logrado aceptación más allá de Morena. En varios estados y ciudades gobernados por la oposición, recibió respaldo importante durante las elecciones de 2024.
Incluso ahora, encuestas recientes muestran que cuenta con la aprobación de simpatizantes de partidos opositores: 73% entre panistas, 72% entre priistas y 70% entre emecistas.
Su gobierno ha mantenido políticas centrales del obradorismo, como los programas sociales y la austeridad, pero ha marcado un sello propio en seguridad, salud y perspectiva de género.
Destaca también que Sheinbaum equilibra la aprobación entre hombres y mujeres, algo que López Obrador no logró. Ocho de cada diez ciudadanos reconocen avances en derechos de las mujeres.
El gabinete que la acompaña es otro punto fuerte. Figuras como Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard gozan de amplio reconocimiento y buena evaluación pública. Además, Sheinbaum mantiene una alta aprobación tanto personal como en la gestión de su gobierno, destacando en áreas como democracia, economía, reducción de la pobreza y combate a la corrupción.
El reto ahora es mantener esta aprobación mientras enfrenta problemas persistentes como la inseguridad y la corrupción, dos desafíos que siguen generando preocupación social.
El futuro de su mandato dependerá de convertir su respaldo ciudadano en avances tangibles en estos temas. Solo así su popularidad podrá consolidarse como un legado duradero.
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