Un pecado “muy grave” que puede provocar crisis en las familias, desgastar la mente y el corazón hasta “llevar a pensar en el suicidio”. Una “losa que asfixia” y que afecta “sobre todo a las personas frágiles, como quienes son víctimas del juego de azar”, pero también a quienes necesitan “tratamientos médicos extraordinarios”.
La usura, para el Papa León XIV, al principio se presenta como una ayuda, pero con el tiempo “se convierte en un tormento”.
Así describió el problema que “tiene un impacto devastador en la vida de muchas personas y familias”, ante los 150 miembros de la Consulta nacional antiusura “San Juan Pablo II”, a quienes recibió este 18 de octubre por la mañana, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, con motivo del 30º aniversario de su fundación.

Por eso es tan valiosa la labor de quienes, como ustedes, se comprometen en desalentar la usura y tratar de poner fin a esta práctica. Su obra está particularmente en sintonía con el espíritu y la práctica del Jubileo, y puede contarse entre los signos de esperanza que caracterizan este Año Santo
El Papa recordó que el fenómeno de la usura “remite al tema de la corrupción del corazón humano” y a su historia “dolorosa y antigua”: ya en la Biblia, de hecho, los profetas la denunciaron, “junto con la explotación y toda forma de injusticia hacia los pobres”.
Y califica como una actitud alejada de Dios la de quien “aplasta a las personas hasta hacerlas esclavas”

A nivel mundial, prosiguió el Pontífice, “los sistemas financieros usureros pueden poner de rodillas a pueblos enteros”, y citó el Catecismo de la Iglesia Católica, que en el número 2.269 denuncia las graves responsabilidades de quienes “en el comercio utilizan prácticas usureras y mercantiles que provocan el hambre y la muerte de sus hermanos en humanidad”, alimentando estructuras de pecado injustas.
“La pregunta que vuelve una y otra vez es siempre la misma: ¿los menos favorecidos no son personas humanas? ¿Los débiles no tienen la misma dignidad que nosotros? ¿Quiénes han nacido con menos oportunidades valen menos como seres humanos, deben limitarse solo a sobrevivir?”
Son preguntas contenidas en la Exhortación Apostólica Dilexi te sobre el amor a los pobres, que el Papa León XIV citó para recordar que de la respuesta a estas preguntas “depende el valor de nuestras sociedades y también nuestro futuro. O recuperamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad”

Finalmente, el Papa invitó a meditar sobre la actitud de Jesús hacia Zaqueo, jefe de los publicanos de Jericó, tal como se describe en el Evangelio de Lucas.
Un hombre acostumbrado a los abusos y prepotencias que explotaba a las personas y ganaba “despojando a los más débiles”. Pero Jesús lo llama y le dice que quiere quedarse en su casa: esta “gratuidad” desconcierta a Zaqueo, quien entra en sí mismo, comprende que ha actuado mal y decide devolver “con intereses”.
Sólo la gratuidad, comentó el Papa, “es tan eficaz que nos revela a nosotros mismos el sentido de nuestra humanidad”

Cuando prevalece la búsqueda del lucro, los demás dejan de ser personas, ya no tienen rostro, son sólo objetos que se pueden explotar; y así se termina perdiendo también a uno mismo y el alma propia.
La conversión de quien incurre en la usura es tan importante como la cercanía a quien sufre por la usura padecida
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