En un ambiente lleno de fe y devoción, cientos de feligreses acudieron este 12 de diciembre al Santuario de Guadalupe en Monclova para rendir homenaje a la Virgen Morena. Las visitas fueron constantes desde temprana hora: los fieles llegaban con rosas frescas, oraciones y gratitud en el corazón, muchos de ellos cumpliendo promesas o elevando peticiones personales.
Los coloridos matachines, con sus sonajas, tambores y vestimentas tradicionales, llenaron de vida y ritmo la explanada del templo, mientras danzaban para venerar a la Guadalupana. Las calles se impregnaron del sonido de los pasos, del fervor popular y de una herencia cultural que se transmite de generación en generación.
“Una rosa, una petición, una bendición”
Gabriela Rodríguez, coordinadora del equipo pastoral de animación parroquial del Santuario de Guadalupe, explicó que este año se implementó una dinámica especial con las rosas, impulsada por el párroco del Santuario.
“Cada año se venden rosas, pero este año, al entregar cada flor, se leyó un fragmento del Nican Mopohua, el texto que narra la aparición de la Virgen a San Juan Diego, donde se explica el verdadero significado de las rosas”, relató Gabriela.
Las rosas, más allá del símbolo tradicional, se convirtieron en un canal de conexión espiritual.
“En cada rosa, los feligreses escribieron una petición, un agradecimiento o una ofrenda personal. El padre las bendijo y pidió que esa flor represente el toque amoroso de nuestra Madre en cada corazón”.
Durante la misa, se levantaron cientos de rosas dentro de la iglesia, mientras se escuchaban plegarias y cantos guadalupanos. “Ella es la mayor intercesora. Siempre estará presente cobijándonos”, añadió Gabriela.
La celebración de la Virgen de Guadalupe se remonta a 1531, cuando según la tradición católica, la Virgen María se apareció en el cerro del Tepeyac al indígena San Juan Diego. Como prueba de su aparición, la Virgen dejó impresa su imagen en la tilma (manto) del joven, rodeada de rosas de Castillaque milagrosamente florecieron fuera de temporada.
Desde entonces, el 12 de diciembre se convirtió en una fecha profundamente arraigada en el corazón de México. La Virgen de Guadalupe es símbolo de fe, esperanza, identidad y amor maternal, y ha sido reconocida como Patrona de México y Emperatriz de América.
