El frente frío número 27 llegó con crudeza a Monclova y, con él, la primera víctima de esta onda gélida en nuestra localidad.
Baltazar Pérez Galván, de apenas 43 años, velador de una frutería en pleno corazón de la ciudad, no logró concluir su jornada laboral: un infarto, consecuencia directa de las bajas temperaturas, le arrebató la vida en silencio.
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Baltazar había sufrido días atrás una caída que le dejó fuertes dolores en la espalda y la cabeza. Aun así, fiel a su responsabilidad, continuó trabajando sin el cuidado necesario. El frío implacable terminó por quebrar su resistencia. Alcanzó a comunicarse con sus familiares, quizá presintiendo que su cuerpo ya no podía más.

Fue su madre quien, con el corazón en vilo, corrió hasta la calle Morelos, entre Ocampo y Miguel Blanco. Allí lo encontró tendido, en la parte trasera del establecimiento. Desesperada, pidió auxilio, pero la ambulancia de la Cruz Roja sólo confirmó lo inevitable: Baltazar había fallecido.
En un principio se pensó que se trataba de un hombre en situación de calle, pero pronto se aclaró que era un trabajador que cumplía con su deber hasta el último aliento. Elementos de Seguridad Pública acordonaron el área, mientras la Fiscalía del Estado y la Agencia de Investigación Criminal realizaban las diligencias correspondientes. No había huellas de violencia, sólo el rastro helado de un corazón vencido por el clima.
El levantamiento del cuerpo cerró una escena que dejó lágrimas en la familia y un eco de tristeza en la ciudad. El frío, ese enemigo invisible, se llevó a un hombre que trabajaba para sostener a los suyos. Monclova amaneció más fría, no sólo por la temperatura, sino por la ausencia de Baltazar, cuya historia se convierte en un recordatorio doloroso de la fragilidad humana frente a la naturaleza.
