Se avienta a paso del tren y pierde la vida

La tarde se quebró en la colonia Calderón. Armando Reyes Sánchez, de 51 años, gritó su despedida: “¡Me voy a matar!”, antes de abrazar al tren.

Eran las 17:30 horas cuando la locomotora marcada con el número 4801 de Ferromex se aproximaba. El rugido metálico se mezcló con un grito desgarrador.

Armando, hundido en circunstancias difíciles, no dudó. Se colocó frente a las vías, esperando el impacto. La bestia de acero lo arrastró kilómetros.

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El golpe fue brutal, la muerte instantánea. Paramédicos de Cruz Roja y del Grum acudieron, pero solo confirmaron la tragedia. El cuerpo quedó destrozado, irreconocible.

Lo más doloroso: su madre, Alicia Sánchez, fue testigo. La mujer cayó en crisis profunda, viendo cómo la vida de su hijo se apagaba.

La presión arterial de Alicia se disparó. Personal del Grum le brindó auxilios inmediatos, trasladándola al hospital Amparo Pape de Benavides para descartar complicaciones mayores.

El conductor de la locomotora declaró que, aunque aplicó frenos, fue imposible detener la mole. El hombre apareció de pronto, decidido a morir.

Autoridades de la Fiscalía de Justicia del Estado realizaron diligencias. El levantamiento del cuerpo fue un acto solemne, marcado por la sombra de la depresión.

Vecinos observaron con lágrimas la escena. El eco del grito de Armando quedó grabado en el barrio, como advertencia de la fragilidad humana.

La colonia Calderón no olvidará esa tarde. Entre sirenas, sollozos y el estruendo del tren, se escribió una página triste de desesperación y despedida.

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