«Detengámonos a reflexionar seriamente sobre las posibles consecuencias de la Inteligencia Artificial (IA) y su uso», y también «consideremos seriamente los peligros potenciales de la Inteligencia Artificial». Este es el llamamiento del Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, ante los desafíos que plantean las nuevas tecnologías. El cardenal respondió a las preguntas de los periodistas al margen de la conferencia « Fe y Razón en la Era de la Inteligencia Artificial», que tuvo lugar esta tarde, 16 de septiembre, en el Refectorio de la Cámara de Diputados.
Las declaraciones del cardenal Parolin en la conferencia se centraron precisamente en la IA, su potencial y los riesgos para la humanidad y el bien común, al igual que sus respuestas a los periodistas sobre la actualidad internacional. Entre ellas, destacó la necesidad de autorregulación expresada por las Big Tech. «Esperamos que este tipo de reflexión esté motivada por una razón ética», afirmó Parolin
Considera acertada la reciente petición del presidente italiano Sergio Mattarella sobre la responsabilidad de los Estados e incluso de los organismos supranacionales en la gestión de las nuevas tecnologías. «Un fenómeno global requiere la participación de todos», replica. «Me preocupa que haya países que prefieran actuar por su cuenta». En cambio, «debe haber la participación de todos en la elaboración de normas comunes que regulen eficazmente este fenómeno». La esperanza es que todos «colaboren para encontrar soluciones porque, creo, el futuro de la humanidad depende de ello»

Ante la pregunta sobre su participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas y si abogará por la creación de un board internacional para gestionar la inteligencia artificial, el cardenal responde con franqueza: «Probablemente no estemos buscando soluciones técnicas inmediatas en este momento. La Santa Sede normalmente explica y presenta los principios. Entonces, la solución a este problema de colaboración deberá encontrarse a nivel de las partes interesadas, a nivel de los Estados, a nivel de los organismos involucrados en esta realidad»
Respecto a su uso personal de la IA, el cardenal explica: «Hoy en día, la inteligencia artificial está ganando terreno porque cuando abres el ordenador y lees algo, ya te presenta el resumen». Por supuesto, añade, no la usa para las homilías: «La inteligencia artificial es solo una cabeza, no tiene corazón. Intento ponerle un poco de corazón a mis homilías».
En su discurso en el Refectorio de la Cámara de Diputados, al concluir la conferencia, en presencia del Presidente Lorenzo Fontana, el cardenal analizó extensamente el estado actual de la inteligencia artificial, «el producto más reciente y avanzado de la ciencia, el orgullo de la tecnología nacida de la reivindicación de la autonomía y la libertad humanas». Afirmó que, paradójicamente, «se está convirtiendo en la divinidad que devora los espacios de libertad y capacidad de decisión para estandarizar a la humanidad y al sistema».
En sí misma, la IA «no es ni buena ni mala», sino que impone opciones. Y la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV sirve de guía en este sentido: «Ante un poder tecnológico que obedece a intereses privados en lugar del bien común, el Papa subraya precisamente este aspecto: elegir entre construir la Torre de Babel o reconstruir las murallas de Jerusalén», dijo Parolin. Concluyó: «Lo que está en juego es la defensa de la persona humana, de su dignidad, su libertad y su propia identidad».
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